Un reciente estudi
o británico publicado en la revista médica “The Lancet”, tras haber analizado los costes y consecuencias de 20 de las drogas más conocidas, ha concluido que el alcohol es la más dañina de todas, pues no solo afecta al individuo que lo ingiere sino también a su familia y amistades. Al estar considerada como una droga blanda, su consumo está mucho más extendido en nuestra sociedad que el de muchas drogas duras como la heroína o el crack.
Todos podemos comprobar que este problema se ve incrementado cada año, tanto en España como en el resto del mundo. Según una encuesta realizada por ESTUDEN en 2008, la edad con la que los adolescentes comienzan a beber está situada entre los 13 y los 14 años. Los principales motivos por los que lo hacen suelen ser para divertirse, probar, olvidarse de sus problemas, para sentirse mayores o, simplemente, porque sus amigos también beben. Además, con el alcohol pierden la vergüenza y eso les lleva a conocer nuevas amistades.
En los adultos la situación varía, convirtiéndose en la base de su consumo los conflictos con la sociedad, que producen ansiedad, estrés, infelicidad, depresión o baja estima personal. La ingesta moderada de bebidas alcohólicas no supone un problema en la mayor parte de las personas mayores de 20 años, pero cuando el individuo se esconde para beber, lo hace sin compañía, siente una necesidad compulsiva de ingerir alcohol o busca cualquier pretexto para hacerlo, puede afirmarse que depende de esta sustancia y tiene realmente un problema.
Entendemos, pues, por alcoholismo la enfermedad ocasionada por el abuso de bebidas alcohólicas que vuelve a una persona incapaz de vivir sin consumirlas diariamente. Cuando se trata de un trastorno crónico es muy grave y puede producir otras muchas enfermedades que afectan a la salud física, mental, social, a nuestras emociones y a nuestras relaciones laborales.
La primera fase de esta enfermedad es que el cuerpo se vuelve mucho más tolerante a la bebida, pudiendo consumir una cantidad mayor de esta sustancia. Estas person
as son capaces de ingerir grandes dosis de alcohol antes de que se noten los efectos negativos. Después de la tolerancia aparecen los lapsus de memoria, también conocidos como lagunas mentales, que son los culpables de que el individuo no recuerde muchas de las cosas que hizo mientras estaba bajo los efectos del alcohol. Otras etapas que experimenta el alcohólico es la pérdida de la capacidad para razonar, del equilibrio y de sus reflejos.
Las repercusiones ligadas a esta enfermedad se reflejan tanto en el consumidor como en las personas que lo rodean. A nivel individual, nos encontramos con peligrosas enfermedades como la cirrosis hepática (en el hígado), daños en el páncreas, en el riñón o en el cerebro, problemas de erección, en el cerebro o cánceres digestivos (boca, esófago, estómago, colon…). En la sociedad las consecuencias pueden ser mortales, ya que provoca numerosos accidentes de tráfico y laborales, malos tratos o pérdida de amistades.
Para acabar con esta enfermedad, lo primero que debe hacer el interesado es aceptar que tiene un problema con el alcohol. Tras esto, es aconsejable que acuda a grupos de autoayuda como “alcohólicos anónimos”, a cuyas reuniones puede asistir en solitario o con familiares o amigos que le ayuden a superar su adicción.